Ser madres es más que dar pecho

Llevo tiempo dándole vueltas a la idea de escribir esta entrada en el blog. Os voy a contar mi experiencia personal sobre lo que pasó con mi lactancia.

Muchas veces cuando las mamás vienen a Bmum y le pongo los pendientes a los bebés, charlamos de muchas cosas. Cuando les pregunto si le dan el pecho al bebé y sobre cómo va la lactancia, las que responden que  “no” normalmente siempre se justifican sin pedírselo: “No, no le doy el pecho porque no pude, tuve 2 mastitis, a mi hermana le fue fatal y no quería pasar por lo mismo…”. Nunca hay un “No, no le doy el pecho” sin más. Eso me llamó la atención ya que la mayoría de pacientes se justifican. Y sin duda creo que es porque se sienten juzgadas… y creo que los profesionales tenemos mucha culpa de ello.

Mi experiencia

Con mi primer hijo tuve una lactancia satisfactoria sin problemas. Todo transcurría de maravilla, pero a los 4 meses comencé con picos de fiebre alta acompañados de dolores musculares muy intensos que incluso me impedían caminar. Comencé a tener úlceras en las mucosas, en la boca, en la vagina…no os puedo describir con palabras el dolor que me causaban.

El día 1 de agosto, no se me olvidará nunca; en vez de comenzar nuestras vacaciones con mi hijo, ingresé en el Hospital Ramon y Cajal con el diagnóstico de una enfermedad autoinmune llamada síndrome de Beçhet.

Es una enfermedad que cursa con inflamación de los vasos sanguíneos, artritis intensas y úlceras en las mucosas. Estuve ingresada durante 3 semanas. Creo que fueron los 20 días más largos de mi vida. El brote no  acababa de remitir  y estaba muy asustada ya que las complicaciones podían ser bastante graves

Me costó recuperarme de ese brote unos 2 meses. Y el siguiente brote fuerte vino un año después, justo cuando estaba embarazada de mi segunda hija. Los brotes cursaban cuando pasaba por grandes cambios hormonales; es decir, en el embarazo y en el puerperio.

Mi reumatólogo entonces me aconsejó subir la medicación para anticiparnos y controlar el brote que pudiera surgir en el puerperio, subiendo la dosis tras el parto. Era un “coctel molotov” contraindicado para la lactancia materna. Así que no me quedó más remedio que renunciar a la lactancia en mis dos hijos posteriores.

“No, no le doy el pecho”

Como os he contado alguna vez, mi hijo pequeño, Nacho “el pupas”, tuvo una bronquiolitis cuando tenía 10 días de vida. Ante la pregunta que me hacían en el hospital: “le estás dando el pecho, ¿verdad?”, yo respondía que no. Y entonces se hacía un silencio incómodo, donde sentía el traslado de una sensación de culpa por parte del personal de la maternidad.

El silencio comunica tanto como las palabras y normalmente después venía eso de “¿y cómo siendo matrona no le das el pecho?“, o “le hubiera venido muy bien, sobre todo ahora”.

Por supuesto que le hubiera venido genial, ¡más que bien! La lactancia materna tiene anticuerpos que le dan inmunidad al bebé, proteínas, aminoácidos, vitaminas naturales que son muy sanas para el bebé…pero yo no tenía elección y sobre todo no tenía por qué contarle mi vida a todo el mundo para gozar de su “perdón” o de su beneplácito. No tenía por qué justificarme por no haber dado el pecho al bebé.

La lactancia materna es el mejor alimento que podemos darle a nuestro hijo; tiene multitud de beneficios tanto para la madre como para el bebé.

Respectar la decisión de la madre

En este post no quiero hablar de si la lactancia materna es mejor que la artificial porque por supuesto eso está fuera de toda duda. Únicamente pretendo hablar de lo fácil que es hacer un juicio gratuito, sin coste alguno para el que lo hace, pero con mucho peaje emocional para la persona que lo recibe. Y lo recibes a veces como una sentencia.

Los profesionales de la salud tenemos una labor importante en este sentido. La decisión de no amamantar al bebé normalmente es una decisión madura y consciente. Hay ocasiones en las que no se puede dar el pecho y otras simplemente en las que la madre decide no dar el pecho. Y todas las decisiones deben ser respetadas, de forma que ninguna mujer debería sentirse atacada por su decisión.

Cada mujer es ella y sus circunstancias, ella y sus experiencias e incluso su entorno. Cada madre es libre de tener su propia decisión en lo que se refiere a la crianza de sus hijos y no se debe “criminalizar” la decisión de una madre de no dar el pecho, por el motivo o la razón que sea. Cada mujer tiene su motivo y ese es el motivo más importante.

No poder dar el pecho o sencillamente no querer no nos convierte en peores madres.

 

SER MADRE ES MUCHO MÁS QUE DAR EL PECHO

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